Las obreras del pensamiento de Nuestramérica

Las obreras del pensamiento de Nuestramérica

…la mujer silenciosa y resignada
cruzó barreras de siglos repitiendo apenas con miedoso sigilo, las mágicas palabras:
libertad y derecho.
Clorinda Mattos de Turner. Boreales,
Miniaturas y porcelanas (1902) .

El 14 de diciembre de 1895, Clorinda Mattos de Turner , en el Ateneo de Buenos Aires, se dirigió a un público conformado en su mayoría por hombres letrados, para sentar las bases de la genealogía del pensamiento femenino/feminista* nuestroamericano* . La escritora y ensayista peruana, enlista a 100 mujeres, que para ella han forjado el pensamiento intelectual de las nuevas naciones. Empresa similar asumió la colombiana Soledad Acosta de Samper en La mujer en la sociedad moderna (1895). No es gratuito, que dos de las escritoras más influyentes del siglo XIX, se dedicaran a la tarea de dar a conocer a las escritoras decimonónicas, con la intención de situarlas en el campo letrado cultural de la época. Ni Soledad Acosta, ni Clorinda Mattos eran feministas, pero si tenían conciencia de la opresión y discriminación que sufrían las mujeres; minimizadas por discursos cientificistas y una educación doméstica que las excluía de la política, de lo público, les negaba su cuerpo y las infantilizaba. Estas mujeres, si bien de elite y con la posibilidad de acceder a la voz – difícil escuchar a las indígenas, negras, mulatas y mestizas, sólo reseñadas en las páginas judiciales o como elemento exótico burlesco -, pensaron su realidad, critica y creativamente, así nos indicaron los caminos de un pensamiento crítico feminista nuestroamericano. “…es necesaria una genealogía femenina, en tanto que constituye el complemento de la genealogía de la sangre…Existía la necesidad de volver a los orígenes siguiendo una genealogía femenina, así como de encontrar la fuente de la propia fuerza original. De la propia originalidad. Necesitamos madres simbólicas para sentirnos hijas con derecho a reconocernos”*.

Para el siglo XIX podemos rastrear el pensamiento crítico de las mujeres en las obras literarias, pues los textos ocupan, necesariamente, espacios sociales concretos y como tal, son productos del mundo con el que suelen tener relaciones complejas y contestatarias. Helena Araújo en La Scherezada criolla*, nos pregunta de qué modo la narrativa femenina sirve para caracterizar la sociedad Latinoamericana histórica y culturalmente. Araujo nos dice que las escritoras articularon una serie de opciones entre lo real y lo imaginario, el “Yo escribo, yo me escribo”, que expresa un deseo “entre poetizar y politizar; o entre encierro narcisista y liberación del yo al reemplazar el rol tradicional adjudicado a la mujer por una nueva forma de experimentar su cuerpo, su libido y su propia expresión… Ésta al integrar lo que vive y siente con lo que escribe, asumirá la autonomía de su lenguaje, atentando contra los sempiternos derechos del padre, hermano o esposo y siendo al fin narradora de sí misma”*.

Si rastreamos el Yo escribo, yo me escribo de Helena Araujo, nos encontramos con mujeres que están escribiendo su tiempo, escribiéndose a sí mismas y continuando un proceso de resistencia activa desde la escritura, las acciones políticas, la oralidad. Estas mujeres logran hablarnos de un como si, que viene a convertirse en una representación simbólica del universo femenino, que da cuenta de su visión sobre la construcción de nación, del devenir histórico y de su posición como sujetos en la sociedad.

Es común la dificultad que tienen las mujeres para hacerse herederas de otras mujeres, en la mayoría de los casos se debe al desconocimiento y a la fuerza de la tradición patriarcal que decide quiénes son los “Otros”, qué es aceptable en ellos y qué no. Las mujeres sólo tienen existencia en virtud del reconocimiento que les otorga el poder. Son los hombres, parafraseando a Edward Said, los que nos han enseñado a hablar, a pensar, a escribir, pero nuestra rebelión — es decir, cuando estudiamos, escribimos, pensamos, gritamos y nos hacemos cuerpo conciente — sólo confirma su visión: simples menores de edad embaucadas que deben ser guiadas.

La historia de las mujeres es larga y reconfortante, pero no es la intención de este texto, ahondar en las raíces de nuestra genealogía. Es más interesante, creo, preguntarnos, por ejemplo, qué implica ser feminista en América Latina? Hay alguna diferencia entre ser feminista y tener perspectiva de género? Cómo articular feminismo, raza y clase? Por qué la pobreza tiene rostro femenino? Cómo hacer política, ciencia y pensamiento desde un cuerpo femenino, sin descorporalizarnos? Es suficiente ser mujer, para ver – leer – escribir como mujer? Es posible un feminismo sin militancia política, en esta oleada de pensamiento post-todo? Por qué la ética se sitúa en el centro del debate feminista Nuestroamericano? Cómo entender la teología feminista en el marco de la filosofía de la liberación? Puede el feminismo convertirse en alternativa de transformación de los paradigmas socio políticos de Nuestramérica? Podemos crear una cultura feminista, entendida como una forma de sentipensarnos desde el afecto, desde una intimidad protegida del poder?

Libertad y democracia en el país, en la casa y en la cama*
El feminismo ha sido caracterizado por oleadas. Una primera llamada de la Igualdad, de lo posible, la mayoría institucionalizadas; la segunda de la Diferencia, en el que se pueden distinguir un feminismo radical y el anarcofeminismo, pero todos utópicos y autónomos; y una tercera ola u olas, que serían el postfeminismo, ecofeminismo, cyberfeminismo, feminismo postcolonial. Si bien estas oleadas tienen sus antecedentes en el feminismo norteamericano y europeo, han tomado otros matices en Nuestramérica, en algunos casos conviven unos junto a otros, sin que las diferencias sean muy claras.

En términos generales el feminismo es “la lucha conciente y organizada de las mujeres contra el sistema opresor y explotador que vivimos. Subvierte todas las esferas posibles, públicas y privadas, de un sistema que no sólo es clasista, sino también sexista y racista, que oprime y explota de múltiples maneras a todos los grupos fuera de las esferas de poder (Eli Bartra – Adriana Valádes); Subjetividades en proceso. Implica la construcción de formas de socialización y nuevos pactos culturales entre las mujeres (Aralia López) .

Los feminismos propugnaron por los derechos sexuales y reproductivos, al voto, a la educación, a la salud, el empleo, la seguridad social, exigieron democracia para todos/as en la familia y el estado; derecho a los cargos de decisión política, en igualdad de condiciones con los hombres, afirmando la identidad de las mujeres en un espacio público que antes las excluía. En este contexto las feministas nuestramericanas resistieron en la calle, en las aulas, en la casa al androcentrismo en todas sus expresiones: “epistemológicas, jurídicas, educativas, políticas, u otras” , exigiendo la igualdad y equidad; o planteando que la diferencia sexo-genérica exige un replanteamiento profundo en las formas educativas y la revisión de los presupuestos en los que se afinca la identidad y la cultura.

Decir feminismo, llamarse feminista implica un ejercicio político militante, aún desde el aula de clases y la academia. Es un tanto contradictorio, entonces, pensar un postfeminismo despolitizado, en el cual la principal apuesta esta encaminada, por un lado hacía las políticas públicas, a decir de Francesca Gargallo, especializados en mediatizar las ideas y las luchas de las mujeres, pero sin escucharlas, leerlas y comprenderlas, lo que imposibilita una reforma epistémico cultural feminista, y crea formas de asistencialismo y beneficencia para las mujeres sin que esto implique un cambio de condiciones de vida o de las estructuras del pensamiento. La otra vertiente son los estudios Queer, que si bien posicionan las otras sexualidades por fuera de la normatividad heterosexual, despojan al movimiento del sujeto político y revolucionario, generando una relativización.

Se puede afirmar que es la categoría de “género – gender”, acuñada en la década del 70, la que abre la puerta a estos postfeminismos. La categoría de género, es una herramienta de análisis que devela como la masculinidad y la feminidad son construcciones simbólicas fundamentadas en un proceso histórico social, en el cual se asignan roles y funciones de acuerdo a la apariencia genital externa. Es una división sexual, que se apoya en todo un entramado cultural para justificar, naturalizar, el poder de unos sobre otras. Hay que agradecer a los estudios de género, la inclusión de sensibilidades otras, y la develación desde diferentes disciplinas del conocimiento de la invisibilización de las mujeres .

Pero, hay que preguntarse por qué a partir de la conferencia de Beijing, el género se convierte en la palabra preferida. La aplicación de la categoría de género levanta menos suspicacias que el feminismo. Hacer un trabajo con perspectiva de género, no es lo mismo que asumir la teoría feminista, digamos que con el género se tiene un paraguas académico-político-social que libra a las mujeres de ser y sentirse etiquetadas como feministas, es decir, histéricas, locas, monotemáticas, agresivas, ingenuas, putas, tontas, absurdas, utópicas. El género despolitiza, “uniforma las vidas femeninas y vuelve a ubicarlas en función del pensamiento masculino”.

Es en esta pretendida igualdad genérica que las mujeres lesbianas, indígenas, chicanas y negras comienzan a plantear debates al interior del movimiento feminista –a diferencia del contexto internacional en Nuestroamérica ha sido posible darnos la voz entre si – sobre la identidad, que hasta ese momento es de mujeres blancas estudiadas de clase media, superando la dicotomía de los discursos anclados en el binario hombre/mujer para revisar las diferencias transformadas en desigualdades que reflejan las propias mujeres entre sí. La identidad, poco a poco, pasa a ser el punto de intersección de las diferencias, y el cuerpo cobra mayor relevancia que antes. Los cuerpos femeninos son organizados, intervenidos y ordenados, así son objetivados para un uso funcional del sistema patriarcal que cada vez que nombra el cuerpo femenino lo captura y lo borra.

Nuestros cuerpos están al vaivén de la frontera y el exilio. Por eso el peligro de los estudios de género sin conciencia política, pues terminan al servicio del sistema patriarcal y neoliberal que “sabe como “domesticar, como penetrar el cuerpo, la materia donde supuestamente cada uno domina. Esa manera es la ‘biopolítica’, que de forma somera es la regulación de los cuerpos con el fin de conformar una sociedad de cuerpos disciplinados” . Haciendo de abogada del diablo, cabe decir que tampoco las izquierdas están absueltas de esta regularización opresora del cuerpo femenino, si bien hay un espacio más democrático, que permite por lo menos hablar, estoy de acuerdo con Uriana Ungo y Francesca Gargallo, cuando problematizan la idea del Hombre nuevo de las izquierdas latinoamericanas. Este Hombre nuevo necesita de una Mujer nueva, es decir, de una compañera que lo atienda y entienda, que no cuestione la tajante separación entre lo público y lo privado, cuide los hijos e hijas, sea soporte intelectual, afectivo y material; que entienda el amor libre de una solo vía y exacerbe su virilidad, potenciando el mito sexual del guerrillero, que simplemente encierra una masculinidad profundamente agresiva adscrita totalmente al patriarcado. Para los partidos de izquierda, así como para los filósofos el patriarcado no es un tema de discusión, asunto sintomático que refleja que se puede pretender la libertad sin dislocar las estructuras de pensamiento y del academicismo, esas que les generan confort.

Para concluir, nada de este texto por fuera de la relación entre feminismo y filosofía, o si quieren entre género y filosofía. El punto es que si es difícil construir la genealogía del pensamiento feminista Nuestroamericano en la literatura y la historia, parece tarea titánica en las ciencias y en la filosofía. Lo cierto es que hay que separar a las mujeres que desarrollan la filosofía de modo mimético a los varones; y aquellas que incorporan la teoría feminista en todos sus niveles de reflexión . Estas filosofas feministas han logrado leer – ver – escribir como mujer. Es decir, evitaron leer como hombres, identificaron las defensas y distorsiones específicas de las lecturas masculinas y proveyeron correctivos; apuntaron hacia las máscaras de la verdad con que el falogocentrismo esconde sus ficciones.

Notas y Bibliografía

*El epígrafe hace parte del texto “Las obreras del pensamiento en la América Sud”, de Clorinda Matos de Turner, presentado como conferencia en El Ateneo de Buenos Aires el 14 de diciembre de 1895, y publicado en 1902 en el libro. Boreales, Miniaturas y porcelanas.
*Lo femenino hace referencia a los contenidos de las obras y discursos. Feminista, además del contenido, a la postura política, y a ver-leer-escribir fuera de la dinámica patriarcal.
*Retomo el término que propone Horacio Cerutti (propuesta inicial de José Marti), entendiendo que incluye a América Latina, el Caribe y Brasil.
*Mercedes Arriaga, “Retórica de la escritura femenina”, en: La Retórica en el ámbito de las Humanidades, Universidad de Jaén, 2003
*Helena Araújo, La Scherezada criolla. Ensayos sobre escritura femenina latinoamericana, Bogotá, Universidad Nacional de Colombia, 1989
*Julieta Kirkwood y Margarita Pisano, feministas chilenas. Citadas en Francesca Gargallo, Las ideas feministas en América Latina, Creatividad Feminista, 2004
*Carmen Cazalo, Feminismos en la América latina globalizada/Localizada. Nuevas democracias, nuevas  Izquierdas, en deuda con la equidad de género. ¿un espacio amigable para una utopía posible? en: Revista venezolana de estudios de la mujer – julio/diciembre, 2009 – Vol. 14/ N° 33
* Diana de Vallescar Palanca, “El impacto del género en la filosofía latinoamericana”. En: Utopía y praxis, Universidad de Zulia, 2008
Gargallo, op.cit
* Citado en http://gonzaloportocarrero.blogsome.com/

*De Vallescar, op.cit

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Una respuesta a Las obreras del pensamiento de Nuestramérica

  1. simone accorsi dijo:

    Divino…!!!
    Abrazos amiga, Asi es, sigue en la LUCHA (o será que es mision?)
    Simone Accorsi

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