Lo negro sigue dando miedo: Haití el colonialismo humanitario

Lo negro sigue dando miedo: Haití el colonialismo humanitario

Hay horas en que no se quieren tener sentimientos….
No ser devorado es el sentimiento perfecto.
No ser devorado es el objetivo secreto de toda una vida.
(Clarice Lispector, La mujer más pequeña del mundo)

Ella está ahí, sentada en su silla tejida en plástico, de esas que se usan para descansar en las calurosas tardes del Caribe, mientras se habla con la vecina o se limpia el arroz para la comida. La blusa verde limón permite adivinar sus turgentes formas, el sombrero blanco la cubre ligeramente del finisecular sol. Los brazos extendidos en una delicada y fina línea marcando una prolongación que termina en su mano descolgada en un dejo de grácil abandono. Su negra mano sostiene el pañuelo blanco con el que se limpia rastros de las lágrimas y aleja el nauseabundo olor a cadáver que ya inunda toda la ciudad. Con él pretende, también conjurar el hambre de los harapientos hombres que a sus espaldas escarban tranquilamente en una caja los restos de su ruina histórica.

La suavidad de sus gestos, el color de su vestimenta contrasta con la aspereza de los escombros. A pesar de los colores cálidos, no se logra transmitir una completa sensación de confianza y cercanía con la fotografía, ella no está totalmente fría, pero tampoco genera lazos afectivos. Las ruinas de la imagen nos hacen suponer que hubo un terremoto, o que es otra fotografía de un barrio pobre de cualquier país del Caribe, ninguno de los seres de ella nos hace pensar que son “víctimas” del terremoto haitiano. Las ruinas nos pueden dar la idea de una catástrofe, pero la presencia de la mujer en plena actitud de abandono y de distancia, el grupo que se concentra en buscar algo, se supone ignoran lo que sucede a sus espaldas.

Podríamos cambiar el fondo y poner el mar atrás o un río, y esta mujer sería una cantaora o una bailadora descansando después de una faena musical. La fotografía nos insta a creer que ella esta esperando ser llenada y habitada por el ojo del otro, poco dista de las imágenes de las mujeres del bello sexo, todas esperando ser poseídas, para adquirir vida, para adquirir un cuerpo, para convertirse en algo que potencie su objetualización.

En ella se funde el pasado/ presente, ella es ruina, ella es como una pequeña flor, una mujer que invariablemente va a ser mirada como una mujer negra, callada, sin voz en permanente silencio histórico, una mujer oscura como un mono, ella puede dar pena, y en este caso germinara sentimientos de asombro y rabia porque ella no siente la desgracia de su pueblo, porque ella se tapa la nariz ante el olor a muerte de los suyos, porque ella se ve bonita, se ve atractiva y deseable, porque claro ahí están pintados los negros sin solidaridad entre ellos, porque ella se presto para la cámara blanca.

La historia nos ha mostrado que el pueblo haitiano desde el nacimiento de su libertad fue condenado a la maldición blanca, como dice Eduardo Galeano. Simón Bolívar creía que la nación colombiana no estaba compuesta sólo por los civilizados “lanudos arropados en las chimeneas de Bogotá, Tunja y Pamplona”, el territorio estaba conformado sobre todo por “los bogas del Magdalena, bandidos del Patía, por las hordas salvajes de África y de América que, como gamos, recorren las soledades de Colombia”.

Y era común, las imágenes nos demuestran que esta concepción sobre lo negro no ha cambiado mucho, pensar que una vez liberados los negros volvían a su condición natural de esclavos, parecida a la que llevaban en África. La población negra no había asimilado las cualidades de los blancos, de modo que no estaban capacitados para participar de una vida libre y civilizada y mucho menos para hacer parte de la administración pública. Sólo la población criolla blanca podía moverse en libertad y la única capacitada para el ejercicio de las labores políticas.

Haití sigue siendo, si nos quedamos con las imágenes, “un país famélico, deforestado y miserable, es decir, un país inútil y mendigo, incapaz de manejarse a sí mismo”. Por eso justificamos la tragedia, la presencia de los marines, la explotación de niños y mujeres, y nos regocijamos en confirmar que son bárbaros, un montón de negros bárbaros que es imposible que hayan sido los primeros en el mundo colonialista en declararse libres, soberanos, autónomos e independientes.

“¿Van a contar ustedes cómo estamos?”, explica Bertrand, un joven que busca cadáveres en las ruinas de una escuela infantil. “¿De verdad que lo van a contar?”, Insiste con una buena ración de escepticismo, “¿o se irán de aquí en cuanto ya tengan suficientes fotos?”.

Nota

En la fotografía escogida aparece en primer plano una mujer negra joven, sentada en una silla de tejido de plástico, ataviada con una falda larga beige, una blusa verde limón con escote en v, un sombrero blanco y un pañuelo blanco tapándose la nariz. Su mirada no está dirigida al lente fotográfico, está sentada de lado, dando la espalda a un espacio lleno de escombros, en los que se aprecia un grupo de jóvenes, cuya imagen esta difusa, reunidos en torno a algo que parece una caja en la cual buscan algo. Están vestidos con ropas de colores, con algunos objetos en la mano como un balde blanco. Al fondo se aprecian los calados de una construcción que no sabemos si está destruida. Hay una perspectiva que crea un foco en las ruinas de las casas del fondo, es como si se creara un túnel. Tres elementos, ella en primer plano, los hombres y por último las casas.

Es una fotografía con mucha luz que se hace más intensa por los colores usados en la vestimenta de la mujer y el blanco del pañuelo y el sombrero. Además los escombros son de un blanco rucio con algunas notas de color. Hay pocas sombras en la fotografía, a excepción de la imagen difusa de los jóvenes del fondo, todo lo demás es claro, y quizá esto se acentúe por la luminosidad solar que imprime un toque de sequedad a la escena, característica de los pueblos caribes en las horas del mediodía.

Podemos pensar que el tema de la foto es la mujer rodeada de escombros. Y nos lleva a preguntarnos a quién mira? Por qué esquivo la mirada del lente? Qué huele? Esta llorando o sólo se tapa la nariz? Por qué esta tan limpia?

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