Marta Sierra: ninguna de nosotras camina sola

Marta Sierra: ninguna de nosotras camina sola

Uno escribe para despistar a la muerte y estrangular fantasmas
que por dentro lo acosan. Pero es bien cierto que aquello que se escribe puede ser históricamente útil cuando logra a través de su obra
y su conducta frente a los grandes problemas sociales,
coincidir con la búsqueda de la identidad
Eduardo Galeano

Marta Sierra Velásquez, olvidada por muchos, recordada por pocos y desconocida por la gran mayoría, sigue rondando las calles cartageneras. Una ciudad que, como ella misma lo expresara, es más que “el color atrapado en un pedazo de mar, la historia desde un ángulo de la muralla”, una ciudad que vive después del puente y que “para los destechados, los desempleados, los hambrientos, los vendedores de fantasías, los analfabetas, es sol, es lluvia, es agonía. Es muerte lenta…” 1

Tati —como la decían su familia y amigos — nació en Cartagena en 1955; bachiller del Colegio de Nuestra Señora de la Candelaria, se graduó como química en la Universidad de Cartagena, donde inició su participación activa en las luchas por las reivindicaciones universitarias en el gran movimiento estudiantil de 1971 y 1972, de fuertes repercusiones. Fue profesora de la Universidad del Atlántico y rectora del Colegio Universidad Libre, donde instituyó el Concurso de Cuento Libre como estímulo para los jóvenes escritores. Escribió en los periódicos de la región, desde los diez años en la página infantil de El Universal, más tarde en la edición costeña del diario El Espectador y en el Diario de la Costa, en los cuales colaboro con artículos de agudo sentido social. Igualmente, publicó poemas en revistas y diarios locales.

La presencia de Marta Sierra en Cartagena estuvo marcada por su participación en lo político-sindical y por el trabajo de su imaginación creadora. Comprometida con su visión de mundo, en cada espacio alzo su voz contra la opresión de clases, contra el sexismo y contra las abismales desigualdades sociales de la ciudad.

Militante de izquierda, de tendencia trotskista, perteneció a la Unión Revolucionaria Socialista, luego de la disolución de los Comandos Camilistas. Disciplinada, estudiosa y muy organizada, Marta se integro al movimiento estudiantil del 71, mientras cursaba el último año de Química, lo cual no fue impedimento para que desde su facultad se integrara rápidamente al trabajo estudiantil y a los comités de activistas.

La formación de su ideología y de las luchas universitarias de entonces, en las que predominaba el marxismo en sus diferentes corrientes, estuvo definida por los procesos de Mayo del 68, el hipismo, la Revolución Cubana, la creación de las primeras guerrillas, que de una u otra forma impulsaron el movimiento estudiantil que rebasaría las aulas universitarias para unirse a las luchas de otros sectores sociales. Las y los estudiantes salieron de la universidad a trabajar con los demás sectores, a establecer puentes en vías de la politización del pueblo con la intuición de que la lucha política debía y debe “estar comprometida en la construcción de una cultura que se contraponga al capitalismo”2, de allí la importancia que ella le daba no sólo a los sindicatos sino al movimiento campesino.
Marta inició su labor política con el magisterio, al cual se vincularía como maestra años más tarde, y posteriormente con los sindicatos de la ciudad. Desde allí promueve una serie de cuestionamientos sobre la participación de las mujeres en los sindicatos y en el movimiento social, acompañados del boom del naciente feminismo latinoamericano, lo que generó procesos orientados específicamente a las mujeres y en los que Marta Sierra jugaría un papel fundamental.

En su estructuración teórica primaban las lecturas de feministas y marxistas como Erika Jung, Rosa Luxemburgo, Simone de Beauvoir, Marta Harnecker. Se dio a la tarea de organizar el grupo La Mujer y un cine arte del mismo nombre, junto a otras mujeres de la ciudad (Silvia Jiménez, Carmenza Morales, María Paulina Jaramillo), desde este grupo realizaron conferencias, presentaciones culturales, actos reivindicativos, talleres de formación y sensibilización en los sindicatos, grupos de estudio, cine-foros encaminados a despertar la conciencia de género en las cartageneras.

Escribió varios artículos en los que dejó plasmada su visión sobre el ser mujer, sobre los cambios que debían operarse en la sociedad y sobre su condición de feminista, una de las primeras de Cartagena, entendido esto como una mujer autónoma, libre, independiente, con conciencia de género. Para ella, los principales problemas del género femenino eran la desigualdad jurídica entre hombres y mujeres, la diferencia salarial, las pocas oportunidades para vincularse al sector productivo según sus capacidades, el papel que desempeña en la sociedad de consumo como objeto de estímulo a la compra y venta, la falta de educación en los estratos populares y “la división de clases que otorga a la mujer un papel de sumisión al tiempo que es el elemento que dinamiza la compra de objetos útiles e inútiles, siendo considerada como un objeto reproductor” (Marta Sierra: 8 de marzo día internacional de la mujer).

Sus principales preocupaciones estaban dirigidas a la mujer trabajadora, a su poca participación en los sindicatos, a su ausencia en la toma de las decisiones de la vida sindical, a su escasa formación política, a la poca valoración de las posibilidades de las mujeres en las actividades del gremio, al hecho de que las reivindicaciones de las mujeres se conviertan en actividades aisladas y aparte de las grandes acciones sindicales y a la insuficiente dirigencia femenina en los sindicatos, en los cuales eran y son mayoría, pero sus direcciones cuentan sólo con hombres.

La solución a esto, siguiendo a Marta, debía estar definida por el desarrollo de la autoestima, por la creación de una conciencia histórica y política, procurarse el acceso a la educación como una primera fase para que se dé la ruptura de mitos y estereotipos que le impiden a la mujer cumplir sus aspiraciones e integrarse de forma plena a la sociedad. En sus propias palabras

a la mujer le queda la opción de aspirar a la sabiduría, a la preparación intelectual y no sólo a su belleza, a ser competente y no sólo útil, a ser fuerte y no sólo graciosa, tener aspiraciones de realización que no se restrinjan a casarse, tener hijos y depender del hombre, a aspirar a la liberación de la sociedad, procurar por cambios en todos los planos, para encontrar la propia reivindicación. (Marta Sierra).

Marta era una mujer con la suficiente claridad para comprender que el cambio necesario era el de la calidad de vida, así crea toda una gama de reflexiones sobre la vida cotidiana que van a convertirse en interesantes textos periodísticos y en poemas que expresaban su concepción política y sus manifestaciones contra toda forma de opresión.

Sus crónicas
Los trabajos periodísticos de Marta Sierra, van desde apreciaciones personales sobre la salsa, hasta los problemas de déficit de vivienda, pasando por los vendedores ambulantes y las reivindicaciones feministas, una escritura periodística “con una filosofía de defensa para el desvalido”.3

Todos sus escritos en prosa reflejan su ideología socialista, su experiencia en la lucha revolucionaria y su acercamiento a los problemas de la ciudad. Sus textos reivindican la identidad y la búsqueda de la libertad de los pueblos caribeños. Sobre la música del Caribe, Marta nos dice que es una pulsión interna, una comunión de sensaciones que se confunden con la piel, un ritmo, “fuente inagotable de felicidad y que se constituye en un lazo que sólo pueden ver los pueblos que aspiran a la libertad”, es “la velocidad y continuidad que conduce a la propia identidad” (Marta Sierra: Salsa, vida)

Admiradora de los legendarios salseros Richie Ray, Henry Fiol, Ismael Rivera, Cheo Feliciano, Ray Barreto, Héctor Lavoe y Celia Cruz, recordada en su diario, durante su estadía en Estados Unidos, como “rumbera inefable, vital, magnética y jubilosa”, celebraba la congregación de los salseros de la ciudad en la Unique Disco Salsa, donde no importaba qué grado de amistad se tuviera, los cuerpos se confundían con las melodías, con las luces de las lámpara multicolores y la piel de los salsomanos deGetsemaní, Torices y San Diego.

La música afro caribeña, presente en el Primer Festival de Música del Caribe, le trajo la certeza de que “la música es capaz de superar fronteras, de atravesar el mar y llegar a nuestras murallas e instalarse en ella para no marcharse jamás”, una expresión visceral que ni

…las dictaduras ancestrales, como la de Haití, han sido capaces de contener la expresión artística de un pueblo que conserva ese espíritu de libertad que lo llevó a realizar la primera revolución de esclavos victoriosa y convertirse en el primer país negro libre del mundo moderno. Las distintas danzas interpretadas por los jóvenes haitianos, nos convencieron de ese espíritu libertario que está presente en los pueblos caribeños, de esa necesidad retener quizá el único patrimonio: su origen y cultura (Marta Sierra: El Caribe: realismo mágico).

El problema de déficit de vivienda, el desempleo, la expropiación de los habitantes de la Boquilla, la salud, la educación y los vendedores ambulantes ocuparon numerosas páginas en los diarios regionales gracias a la insistencia de esta mujer por informar a la gente común y corriente de la injusticia social y de los beneficios que sólo gozaban los sectores privilegiados.

Para Marta, la Boquilla era una tierra de olvido, un pedazo de ciudad abandonado donde “la miseria y el desempleo, caminan parejos por sus calles y se encuentran con el mar que ha visto morir niños de enfermedades curables y a ancianos de tristeza” (Marta Sierra: La Boquilla se muere de inercia).

También escribió acerca de la Navidad convertida en la fiesta de los comerciantes, donde las tradiciones y aquello de “tiempo de paz y amor” se obvio

…ante la feria de las utilidades y la mezquindad, una época de venta, de la venta de la celebración, de la unión entre vecinos y la familia, época en la que los niños y las niñas se sentirán frustrados, por ese niño dios que es racista y discriminador, ya que sólo los niños ricos y rubios podrán disfrutar de todo cuanto sale en la televisión, de lo que se promociona a través de la prensa y la radio (Marta Sierra: Otra navidad).

Los vendedores ambulantes fueron otra de sus ‘inquietudes, sostenía que eran un producto del acelerado crecimiento de las ciudades y de la ausencia de una política de empleo por parte del Estado, fruto de la falta de oportunidades para laborar en la empresa turística, industrial o comercial. Sin prestaciones sociales, sin ingresos fijos, sometidos a las condiciones de los mayoristas o intermediarios, eran una preocupación permanente para Marta Sierra, un problema al que no le veía solución en una ciudad que no tenía — y no tiene — ningún interés por ofrecer alternativas de trabajo o de ubicación, pero que sí usa la fuerza pública para desalojarlos, “negarles el derecho al trabajo, es tanto como impedirle a sus familias alimentarse, vestirse y sobrevivir; es arrojarlos al camino de la delincuencia”. (Marta Sierra: Fruto del desempleo).

Todo esto la llevaba a una preocupación más general: la función del periodismo, en la que el periodista se convierte en ojos y oídos de quien lo lee y lo escucha. El oyente termina profesando fe hacia el informador de su cotidianidad, de la realidad que día a día vive, pero que a través del periodista cobra la dimensión de la lejanía y le permite fantasear con la posible solución de lo que internamente sospecha nunca será solucionado; es éste ser anónimo y cotidiano quien prueba el compromiso del periodista:

No creas en la libertad de prensa
la nuestra es la República del Silencio
desconfía de los aplausos
que provienen del otro lado
tu público real, está tras el pequeño receptor.
Muchas veces no sabe leer
pero su suerte de hambre, doble humillación,
lo hacen esperar mucho de ti.
Encender conciencia
revelar la realidad con dignidad,
dejando atrás, mitos carcomidos
que adulan para vivir.
Solo así tiene sentido
repasar continuamente un teclado
y escribir cuartillas infinitas mientras
el tiempo pasa… (9 de febrero de 1971, Día del Periodista)

Sus poemas
Hasta hace poco se pensó que escritura femenina tenía un limitado y específico campo temático, así como particulares formas discursivas de abordaje, se creía que sólo podía escribir sobre los asuntos tradicionalmente entendidos como propios de la mujer, la familia, los hijos, el hogar y las labores de mano, y que ésta desde su subjetividad exponía en lacrimosos diarios, cartas o relatos sin valor estético. Punto de vista limitante y falso que ha hecho parte de los criterios de clasificación a la hora de definir las obras importantes de las literaturas nacionales, a quién se le pública y a quién no, quiénes aparecen en las antologías y quiénes son los autores representativos de la literatura “nacional”.

En los últimos decenios se ha despertado un interés por conocer a las mujeres que a la par de los hombres escribían y contribuían a enriquecer las literaturas nacionales, desde esta perspectiva se creó una corriente dentro de la teoría literaria, la ginocrítica. Junto a esto ha sido de suma importancia la recuperación de las voces femeninas en la historia de la literatura, en la historia de los pueblos, en la política, en la historia de la cotidianidad, en la historia de la familia, en todos los ámbitos.

En regiones como el Caribe Colombiano, el desconocimiento de las escritoras es aún más notable, pues sólo contábamos con tres nombres: Meira del Mar, Fanny Buitrago y Marvel Moreno, quienes se abrieron campo a fuerza y empellones. Desconocemos a las mujeres escritoras del siglo XIX, que para nuestra sorpresa son más de tres; las que en el siglo XX junto a García Márquez contribuyeron al boom latinoamericano y las que lamentablemente la muerte se llevó antes de que pudieran mostramos su gran potencial estético, como Marta Sierra, quien a causa de una leucemia nos dejó sólo los inicios de lo que seguramente hubiera sido una de las importantes creaciones estéticas de la región.

Escribir en la Cartagena del 70 y del 80 iba aparejado con la actividad revolucionaria. Según el investigador Jorge García Usta “la irrupción política generó una nueva concepción de las artes y la literatura en la que la critica social y política era permanente en los textos: una literatura comprometida, pero que cada vez más se alejaba del concepto panfletario”.4

La actividad cultural de la ciudad era bastante nutrida, los grupos de teatro, los cine clubes, la publicación de libros de poco tiraje, las páginas culturales de los periódicos locales, los grupos literarios, la publicaciones de revistas culturales hicieron de Cartagena un espacio con las condiciones mínimas para la producción literaria, sin embargo, los militantes de izquierda como Marta, se veían obligados en algunas ocasiones a superponer su actividad política a la literaria. Existe en ella un doble compromiso: con las letras y con la política del país. A pesar de esto para Marta Sierra el escribir hacía parte fundamental de su diario vivir, para ella el principal compromiso era “si el escritor logra mostrarse como es, puede ayudar a muchos a tomar conciencia de lo que son”.

Lectora incansable, tenía preferencias por la literatura latinoamericana: Manuel Puig, Julio Cortázar, Carlos Fuentes, Vargas Llosa, García Márquez, Luis Carlos López, junto a Heimingway, Dante, Víctor Rugo, Dickens, Cervantes, entre otros. A Marta Sierra la podemos ubicar en lo que Luisa Ballesteros denomina la Generación Comprometida, “el compromiso de los(as) escritores(as) se impone con naturalidad con obras que traducen el desconcierto de una sociedad fragmentada”5. Aunque este movimiento se ubica en América central, la poesía de Marta no está lejos de la de mujeres como Gioconda Belli y Claribel Alegria (Nicaragua), Claudia Lars (El Salvador), Carmen Naranjo (Costa Rica) y Aída Cartagena (República Dominicana), todas escribiendo en la década del 70. Es probable que Marta Sierra no las conociera — por lo menos no dejo referencia en su diario de haberlas leído —, pero su poesía tiene claros nexos con la producción literaria de estas mujeres. Una poesía de claras tendencias revolucionarias, de carácter universal, en la que se manifiesta la coherencia de la lucha del y por el pueblo y su propio ideal, influenciada por el momento histórico en el que escribe.

Una gran sensibilidad frente a los problemas que trastornan la vida política y social de la ciudad la llevó a plasmar en el verso las desigualdades de una ciudad en la que conviven los polos opuestos, una ciudad que olvida a sus habitantes, a sus pescadores que sólo sirven para ilustrar las postales de aeropuerto que se complacen en comprar los turistas y dan la vuelta al mundo, sin preocuparse lo que hay detrás de la sonrisa abierta y franca de un boquillero, de una palenquera; de la vendedora de dulces o del vendedor de gafas. Una vida diaria que poco o nada tiene que ver con los fláshes de las cámaras de hombres y mujeres de tierras ajenas que ignoran las casas de madera a medio terminar, la falta de servicios públicos, las enfermedades endémicas, el hacinamiento y la marginación que sufre un pueblo con olor a derrota, como lo expresa en el siguiente poema:

Boquilla amarga
Niños que ampollan su hambre en un vientre crecido,
mar con olor a miseria,
tablas carcomidas sirven de refugio
a una madre con su prole,
sol que hiere indiferente,
cerdos y perros de nadie
persiguen la vida en un desperdicio,
olas impregnadas de nostalgia,
pescador sin red esperando un pasajero fortuito,
mar que murió de desesperanza
en un solar abandonado,
mujer encinta mirando el infinito,
la brisa se lleva tus sueños,
vejez, desolación y tristeza se pasean las estrechas calles,
padres suspendidos en el presente,
niños con futuro incierto,
caserío donde el hambre se adhiere a la piel.
donde la muerte espera mientras se complace
en la eternidad del mar

La poesía de Marta Sierra no se agota en la condición de las mujeres y sus reivindicaciones, da cuenta de sus luchas y de la defensa de la condición femenina. Es una poesía que pretende profundizar la conciencia y afirmar la identidad, que responde a las preocupaciones actuales de la mujer, “quien, aunque integrada en el mundo del trabajo y de la política donde tiene parte de sus responsabilidades, se encuentra sola frente a la dificultad de cambiar el sistema”6. Marta manifiesta esto en el Relato de Luisa, poema que muestra el doble compromiso de las mujeres en las luchas revolucionarias, el sufrimiento y lo desgarrador que puede ser la .participación de éstas en la defensa de los ideales y de las utopías, pues no sólo debe defender y mantener su integridad como persona, como ser humano, debe hacerlo también como madre, como hija, compañera y amiga:

Violaron tu domicilio y tu cuerpo,
sangraron tu útero fértil.
hasta dejarlo agotado,
te vendaron los ojos pretendiendo ocultar sus rostros
desfigurados por el poder,
te aplicaron descargas eléctricas
en los senos y en el vientre,
dejaron que tu hija llorara de hambre y angustia,
lastimaron tu espalda intentando extraer informes,
te excluyeron en una celda oscura
metros de humedad,
te impidieron defecar,…
te dieron a conocer las torturas de tu compañero,
te amenazaron con asesinarlo, …
rostro desconocido, nombre supuesto,
Luisa, camarada argentina
no hay distancias geográficas
que me impidan pensar en ti…

Marta Sierra se alimentó de su cotidianidad. De esa Cartagena que se debatía – y aún hoy lo hace –entre el olor de finos perfumes de familias notables con pasados célebres, de sus huéspedes ilustres, de políticos no tan eminentes, de reinados de belleza plagados de mujeres fabricadas, y el olor natural y cotidiano de la Ciénaga preñada de pescados muertos, de las cañerías destapadas, de los barrios sin pavimentar, del sudor desprendido en las casetas por los cuerpos de los espontáneos bailarines de Champeta, de las calles del centro inundadas por la lluvia, del olor real y penetrante que se desprende después del puente y recuerda a todos(as) los que viajan más allá del Corralito que es allí donde se encuentra la amalgama de seres humanos que dan vida y color a Cartagena. Marta se nutrió de las lágrimas, de la sangre, de la valentía de esas otras mujeres silenciadas por la historia, esas mujeres que nos hacen tener la certeza de que ninguna de nosotras camina sola porque siempre habrá en cualquier esquina, en alguna parada del camino “alguna nueva estación de un año, (que) nos unirá con la fuerza indestructible de tu conciencia y mi convicción”.

Notas
1. Todas las citas utilizadas en este trabajo fueron tomadas del libro Tati… crónicas y poemas. Este libro fue compilado por la familia y amigos de Marta Sierra, su distribución fue limitada y no hay datos concretos sobre su edición. Para la elaboración de este artículo se realizaron entrevistas a Carlos Mouthon Lorduy y Jorge García Usta (+), a quienes agradezco su valiosa colaboración.
2. Yolanda González, “Movimientos de mujeres en los años 60 y 70. La diferencia hombre mujer del equilibrio al conflicto”, en: Las mujeres en la historia de Colombia. Mujeres, historia y política. Magdala Velásquez (directora académica), Bogotá, Norma, 1995.
3. Entrevista a Antonio J. Olier, El Universal, Cartagena. (sin más referencias bibliográficas).
4. Entrevista realizada al escritor y periodista Jorge García Usta (+), Cartagena, 1999
5. Luisa Ballesteros, La escritora en la sociedad latinoamericana, Cali, Editorial Universidad del Valle, 1997
6. Ballesteros, ibidem

 

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Una respuesta a Marta Sierra: ninguna de nosotras camina sola

  1. Aline Santana dijo:

    kerida, felicidades por la bloga.
    mi encantó el título de este texto.
    salud!
    luciérnaga latinoamericanista

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